Siete - Onetti y Torres García

Como Juan Ignacio Tena se enteró de otra anécdota -o subanécdota-, y se refiere a ella en una carta reciente, la amistad me obliga a recordarla, aunque se crea que, al hacerlo, cometo un autoelogio. La historia en realidad fue así: Se hizo, en tiempos de la guerra, una exposición de pintores franceses en Montevideo. Tengo entendido que esa muestra fue traída -creo que por Louis Jovet-, para soslayar el peligro que Goering se llevara todos los cuadros para su casa o para Nuremberg. Fui inmediatamente, como es de suponer, a ver aquellas obras, movido por un interés tan grande que era casi una angustiosa ansiedad. Nunca podré olvidar el autorretrato de Cézanne, "L'homme a Chapeau melon", porque es una de esas cosas que nos enloquecen verdaderamente, en la medida que trastornan todas las ideas preconcebidas que pudiéramos tener sobre el acto de pintar y de escribir. Por eso comprendo la ligazón que, en Cézanne, Hemingway ve entre la pintura y la literatura. Sentí que el hombre que había pintado aquel autorretrato me estaba enseñando algo indefinible, que yo podría aplicar a mi literatura.

Después de visitar la exposición fui a casa de Torres García y comenté al gran maestro todo lo que había visto. ¡Dios Todopoderoso!, él era un gran pintor y yo no soy ni un gran pintor ni un gran escritor, pero hablaba y hablaba diciendo todo lo que sentía. Torres García me abrumó a preguntas, con ese sentido bondadoso de la burla que lo caracterizaba. Eran suaves preguntas, pero que me hacían presentir la cáscara de banana o el piso enjabonado. Como yo era joven -juro que era joven en aquel tiempo-, respondía a todo casi brutalmente, sin pensar en la reacción que podía provocar en aquel hombre que sabía todo lo que humanamente se puede saber de la pintura. Cuando se me terminaron las palabras, Torres García sonrió, dejó de mirarme, inclinó la cabeza hacia un costado y, dirigiéndose a un grupo de amigos que allí se encontraban, dio su veredicto: -"¡Qué cosa más extraña! Este Onetti, que no sabe nada de pintura, no se equivoca nunca."

Después pude comprobar que era un hombre incapaz de mentir y, desde entonces, me atribuyo, creo que legítimamente, el don de ser analfabeto en pintura, y de no equivocarme nunca. ¡Ojalá pudiera decir lo mismo de la literatura y que también en ella -que es la tarea de mi vida-, mi infalibilidad fuera proporcional a mi ignorancia!

Y para los que no me creen hoy, para los que me creerán mañana, para los gustosos de chismes y para los que deseen sujetar la punta del ovillo de la verdad -tan traicionera a veces-, una infidencia casi postrera.

Cuando en Barcelona de su juventud Torres García cortejaba a Manolita, su esposa y viuda, ella distraía sus frases de amor coqueteando con un inmundo perro faldero. Cuando Torres García se hartó de femeninos desvíos, cuando quiso un sí o un no, en lugar de la impuesta tontería hembril, tiró al perro por la ventana y preguntó por última vez. Como en los cuentos de hadas, Manolita y el arte le dijeron que sí.

Juan Carlos Onetti Tomado de Mundo Hispánico Mayo 1975

6 comentarios:

al-jazerra dijo...

en el año 9l o 92, viaje a chile con enrique gene y la señora, nos invito a almorzar emilio allende, un coleccionista argentino radicado ahi,profesor y escritor, ese día su madre cumplia 92 años, cuando le comentamos lo bien y lucida que estaba, nos relato que acababa de llegar de uruguay, (estaba escribiendo la biografia razonada de torres, terminaba de presentar la de petorutti), en cada viaje charlaba con manolita, durante su última conversación (tenia lo9 años), pidió a la mucama dos cafes, cuando esta le costesto que había tomado el unico permitidopor los medicos, le replicó, entonces sírvame el de mañana, carajo...alejandro

julieta dijo...

Vos me hablás de ellos como si los conociera y para mi muchos nacieron ayer, pero si me das 20 minutos la piloteo.

A veces siento que los viejos tienen posturas radicales, o son geniales o detestables, debe ser una cuestión de actitud ante la muerte, la negación de lo que viene y el disfrute de lo que falta
Por Manuelita, digo
Uy, soñé con el 56

al-jazerra dijo...

Es todo como un juego de disparadores, vos pusiste el post, donde hablabas de torres y manolita, torres no es de mis personajes mas queridos,(si su pintura), cago y sigue cagando (intelectualmente),a varias generaciones de pintores en el Uruguay y a algunos de aca. Un tipo totalmente severo, rigido etc. no lo creo con la locura pasional de tirar un perro por la ventana, como tampoco creo a manolita, por eso contaba la charla, de aceptarlo mansamente, pero como dicen los caminos del señor......alejandro

julieta dijo...

Si, y claro, uno también tiene disparadores, fijate, un fractal de un tatuaje terminó en esto, y ni te cuento como empezó porque no me creerías.
Y los caminos no son del Señor, son de autopistas del sol.

Amor dijo...

Julieta, me alegra encontrar el nombre de mi padre en tu blog. Su mayor orgullo era su amistad con Onetti. Te dejo un abrazo,
Santiago Tena

julieta dijo...

Que bueno Santiago