Mostrando entradas con la etiqueta quema-esas-cartas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta quema-esas-cartas. Mostrar todas las entradas

Once - Onetti, Borges, Rulfo

Onetti, hijo de Borges, escribió:

Carta a Juan Rulfo

Madrid, 20 de mayo de 1985

Querido Juan:

Por vía secreta y apresurada te envío estas líneas con el amistoso propósito de ponerte en guardia. El tortuoso fabricante de poemas, y seductor diplomado que lleva, con vanidad incomprensible, el nombre de Félix Grande, sujeto que hace años destronó, creo que para siempre, mi dichosa tranquilidad, tan apartada del mundo literario, se propone hoy hacer lo mismo contigo.
Por infidencias muy bien pagadas he podido enterarme de que los Cuadernos Hispanoamericanos están preparando sigilosa y traicioneramente un número monográfico dedicado a mi persona y a ese silencio que mantienes misterioso. Todos los corruptos colaboradores que logre sobornar Félix Grande para cumplir su incalificable propósito, no solo se preguntarán por qué Juan Rulfo no ha escrito más que "Pedro Páramo" y "El llano en llamas" y mucho me temo que abunden seudosagaces investigadores que den respuestas a tal fenómeno.
En apariencia y para todo el mundo lector, que una revista cultural y sobre todo cuando tiene el prestigio de Cuadernos Hispanoamericanos dedique un número monográfico a Juan o a Pedro significa un homenaje, un reconocimiento de los valores literarios del monografiado. Pero la verdad es que el lector, pasando páginas, comprueba que absolutamente todos los colaboradores, en ¡nocente conjura, sólo escriben, unos tras otros, sobre el mismo tema, acaba por odiar al así homenajeado. Esto se llama saturación, puñalada a traición. Porque ni siquiera se consulta al infeliz, victimado y tanto da que haya muerto o continúe respirando. En cualquiera de esas circunstancias le está vedada la defensa y sus lectores, enfermos de resaca, jamás volverán a leerlo.
Espero que por esta vez sepas callarte, hacer un esfuerzo para no contestar cartas, huir de reportajes y de cualquier otra forma de publicidad. Hay un silencio aunque mucho te cueste y permanece quieto en tu rinconcito mejicano donde le dedicas a lograr la felicidad indígena.
Yo, por mi parte, dando satisfacción al legítimo deseo de molestar, molestias que fortifican la amistad, te abrazo y te pregunto por enésima vez:
-Querido Juan, ¿hay Cordillera?
Y tu contestarás que no, también por enésima vez y seguirás embriagándote con la inmortal coca-cola, orgullo legítimo de la cultura yanqui.
Con el viejo cariño de siempre,

Juan Carlos Onetti

Copiado de acá


Carta abierta a la patria

Esta tierra sobre los ojos, este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles, esta noche contínua, esta distancia. Te quiero, país, tirado abajo del mar, pez panza arriba, pobre sombra de país, lleno de vientos, de monumentos, de esperpentos, de orgullo sin objeto, sujeto de asaltos, estúpido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas, repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando de babas y estupor canchas de fútbol y ring sides. Pobres negros. Te estás quemando a fuego lento y donde el fuego, donde el que come los asados y tira los huesos, malandras, cajetillas, señores y cafishios, diputados, tilingas de apellido compuesto, gordas tejiendo a dos agujas, maestras normales, curas, escribanos, centrofowards livianos, Fangio solo, tenientes primeros, coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos, bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos, secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco, contraflor al resto.

Y qué carajo si la casita era un sueño, si lo mataron en pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva, liquidación forzosa, se remata hasta lo último. Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía.

Te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña envuelto en una bandera que nos legó Belgrano, mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate con su verde consuelo, lotería de pobre.

En cada piso hay alguien que nació haciendo discurso para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos, pobres blancos que viven en un carnaval de negros. Qué quiniela, hermanito, en Boedo, en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera, en los ranchos que paran la mugre de la pampa, en las casas blanqueadas del silencio del Norte, en las chapas de zinc donde el frío se frota, en la Plaza de Mayo, donde ronda la muerte trajeada de mentira.

Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking, vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puño, viveza y elegancia. Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.

Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, que vachaché, dale que va, paciencia. La tierra, entre los dedos, la basura en los ojos, ser argentino es estar triste, ser argentino es estar lejos, y no decir mañana porque ya basta con ser flojo ahora.

Tapándome la cara, me acuerdo de una estrella en pleno campo, me acuerdo de un amanecer de Puna, de Tilcara de tarde, de Paraná fragante, de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos quemando un horizonte de bañados.

Te quiero país, pañuelo sucio, con tus calles cubiertas de carteles peronistas, te quiero sin esperanzas y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, nada más que de lejos y amargado. Y de noche.
Julio Cortázar, 1955

fuegos de oktubre+dos



Quemá esas cartas VI





Quemá esas cartas V

Carta abierta a la patria (1955) - Julio Cortázar leído por Miguel Angel Solá

Quemá esas Cartas IV

Grupo Uffizi



Quemá esas Cartas III

París, 8 de marzo de 1978

Querida Edith:

Tu carta no agrega nada nuevo, por desgracia, a una situación sin salida. Hace mucho que he dejado de entender lo que pasa con las ediciones alemanas, y sólo sé que Wittkopf trabaja en una antología de mis cuentos y que Fries traduce Rayuela. No tengo (ni quiero tener) ningún contacto directo con editores, que son siempre una fuente de líos. Y yo ya tengo demasiados líos en estos tiempos.
Sé que el problema con vos no se resolverá a pesar de cualquier esfuerzo, y que Sularkamp (ilegible) es una gigantesca máquina que no cambia su conducta una vez que la ha decidido.
Lamento que una vez más vuelvas sobre ese tema tan penoso para vos y para mí, pero te comprendo de sobra; solamente que ya es tarde para cambiar las cosas, y creo que tu correspondencia con Wittkopf te lo prueba de sobra.
Por favor, no vuelvas sobre el pasado, porque ya nadie quiere entender cosas tan complicadas y que parecen sin salida. Si yo puedo ayudar en el presente ya sabes que lo haré, pero esa historia detallada que me cuentas en tu carta no sirve más que para amargarte y amargarme. Y créeme que en estos tiempos la amargura es mi comida cotidiana. Hago lo que puedo por la Argentina y Chile, estoy continuamente en viaje para ayudar la causa de esos pueblos, y el resultado es siempre igual: tristeza y amargura. Y si el presente es así, ¿cómo agregarle el pasado y volver atrás en busca de arreglos que ya nadie entiende?
Me gustaría recibir de vos otro tipo de cartas. Hay tanto de vivo y de bello en tu persona, hay tantas cosas mejores que esa vuelta atrás en que te obstinas.
Espero que Joanna esté bien. Para vos, un abrazo fuerte y el cariño de

Julio

Quemá esas Cartas II




Cerdos & Peces - Nº 39 junio-91 A 28.000.-

Quemá esas Cartas